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martes, 19 de enero de 2016

‘Sin pedir permiso': El amor y la cultura con sensibilidad



La novela ‘Sin pedir permiso’ (Libros.com, 2015) le va a gustar mucho a la gente enamoradiza. Y no hablo solo de enamorarse de personas, sino también de canciones, libros, grafitis, locales, músicos, ambientes y proyectos culturales. Dicen que los buenos libros son aquellos que al leerlos pensamos en algún momento podríamos haberlos escrito nosotros mismos… pues con ‘Sin pedir permiso’ de Conchi Moya a mí me ha ocurrido más o menos eso, ya que yo he paseado por los lugares que describe y me he ilusionado con cosas bastante similares a las que ella se refiere.


Entre otras muchas cosas se le agradece esa meticulosidad en las descripciones de los lugares en los que se desarrollan los encuentros, los pósters de las paredes, los objetos que para cualquiera pasarían desapercibidos, minuciosamente descritos, pero sobre todo el que exprese lo que sentía al observar todo ello es un auténtico lujo.


El libro habla de enamorarse de quien no te conviene, de encontrarte por tu camino a gente que ya esta de vuelta y no siente las cosas con la misma intensidad que tú (o no le da el mismo significado). Es una historia muy cercana que mucha gente ha vivido, enamorarse de una manera mucho más intensa que la otra persona, o de una persona difícil que no está en un momento para abrir su corazón. Sentir el dolor del amor.


Estimo que es una novela muy recomendable para los adolescentes, porque quienes no hayan sufrido ya por amor lo van a hacer tarde o temprano, ya sea hombre o mujer, por una persona de su propio sexo o del contrario, practicando sexo o no, contando sus sentimientos a la otra persona o no… pero de una manera u otra lo van a vivir. Las reflexiones entre Marina y una de sus amigas hacia al final del libro, pueden ser de gran ayuda para quienes piensan que están solos.


Importante la música y el arte como refugio de un mundo gris y desolado, la esperanza de encontrar siempre a gente colorida capaz de ver la parte más emocionante de los barrios humildes de Madrid. Y lo he leído desde mi actual perspectiva, en la que me encuentro inmersa en el mundo de los centros sociales autogestionados, y todo sigue siendo igual: la crisis de hace 20 años muy parecida a la de ahora en cuanto a la economía de los jóvenes (y no tan jóvenes), la cultura y la música como vía de escape y como nexo para trabajar en común y sentirse útil para el propio entorno, crear una economía social y local, trabajar por la sociedad real, y no la que mueve los hilos de la especulación.


Por supuesto que en la historia también hay roces entre ellos, como la vida misma, pero siempre lo importante es no rendirse y ser íntegro, sobre todo con uno mismo y tus propios ideales, como lo es el personaje de Marina y prácticamente todos los demás. Porque no es una novela de personajes buenos y malos, sino de personas y por eso no hace falta más que haber tenido una pandilla de amigos para sentirse identificado.


La magia de la radio queda fielmente reflejada, el hecho de crear, comunicar y compartir lo que amas a través de los micrófonos. Algo que en los 90 se hacía sin Internet, sin tecnologías digitales, de una forma artesanal y única. Pero además Marina es especialmente sensible, por lo que toda esa emoción se eleva a la máxima potencia. Ya se sabe lo que es la sensibilidad, la RAE la define como la capacidad o propensión natural de las personas a emocionarse ante la belleza y los valores estéticos o ante sentimientos como el amor, la ternura o la compasión. Una capacidad tremendamente bien manejada por la autora.


Y todo eso sin olvidar lo divertido que es acudir a las diferentes fiestas y eventos con los personajes. Personajes muy originales, muy bien construidos que podemos identificar con colegas del barrio, de cualquier barrio. Me ha gustado en particular el pasaje en el que Marcos y Marina visitan una feria de nuevas tendencias, en la que las rastas y los tatuajes eran una moda en alza, el cómo reaccionan ante todo este “postureo”, discuten sobre dónde está lo bello y donde no esta y he de decir que la reflexión sobre lo que significa un tatuaje para quien lo lleva, definitivamente me ha conquistado.


Particularmente leyendo el libro, he ido buscando en Internet las referencias musicales y artísticas que aparecen. Son muy buenas y me han ilustrado muy bien la historia. Me parece un acierto que aparezcan frases de canciones, no solo por conocerlas sino porque además son reflexiones que te hacen pensar.


Es una alegría que el crowdfunding consiga que obras como estas lleguen a nuestras manos, muy agradecida a Conchi Moya y a todos sus mecenas por los buenos ratos que me ha dado la novela y espero que haya una próxima muy pronto.

Este artículo ha sido publicado en el periódico digital Mugalari.

lunes, 8 de septiembre de 2014

La espuma de los días



Este verano me he deleitado con una novela que se saborea de forma deliciosa: La espuma de los días, de Boris Vian.




Hay una versión cinematográfica dirigida por Michel Gondry, pero precisamente por el estilo excéntrico y maravilloso del escritor, esta vez si hay que recomendar leer primero el libro. No es que Gondry no sea excéntrico y maravilloso, pero como son cualidades éstas intransferibles, cada uno tiene un resultado diferente dentro de su propio universo.

Es un libro que habla del amor, de varias clases de amor, pero principalmente del amor a la vida, que se tiñe de oscuro cuando acontecimientos que los personajes no pueden controlar les muestran que vivimos verdaderamente en un mundo hostil.

Surrealismo y existencialismo se dan la mano en esta novela, que con humor, belleza y mirada crítica, nos hace pasar un buen rato de entretenimiento y reflexión.

La prodigiosa imaginación de Boris Vian consigue unas descripciones admirables (Dentro del pecho le sonaba una especie de música militar alemana, en la que no se oye más que el bombo). A los acontecimientos surrealistas les da siempre una vuelta más de tuerca (Él se desabotonó el cuello. Allise reunió todas su fuerzas y con gesto resuelto, hincó el arrancacorazones en el pecho de Partre. Él la miró, moría muy deprisa y lanzó una última mirada de asombro al comprobar que tenía el corazón en forma de tetraedro).

Pero si hay un fragmento que sin duda merece ser recordado, es en el que los protagonistas, que viven en su mundo rosa, ven tras los cristales de su vehículo un poco de la vida de las clases más bajas. Tan surrealista y realista al mismo tiempo, pues es una reflexión sobre el comportamiento humano en la sociedad materialista, tan absurdo como la sociedad misma:

Bruscamente, la carretera trazó una nueva curva y se encontraron en medio de las minas de cobre. Se escalonaban a ambos lados varios metros hacia abajo. Inmensas extensiones de cobre verdusco desplegaban su aridez hasta el infinito. Centenares de hombres vestidos con trajes herméticos se agitaban alrededor de las hogueras. Otros apilaban en pirámides regulares el combustible que llegaba sin cesar en vagoneta s eléctricas. El cobre, bajo el efecto del calor, se fundía y corría en arroyuelos rojos, bordeados de escorias esponjosas y duras como la piedra. De trecho en trecho se recogía el cobre en grandes depósitos donde había máquinas que lo bombeaban y lo trasvasaban a tuberías ovaladas.
- Qué trabajo más horrible!... -dijo Chloé.
- Está bastante bien pagado -repuso Nicolás.
Algunos de los hombres dejaron de trabajar para ver pasar el coche. En sus ojos tan sólo se veía una cierta compasión socarrona. Eran anchos y fuertes, y parecían inalterables.
- No les caemos bien -dijo Chloé-. Vámonos de aquí.
- Es que ellos trabajan... -dijo Colin.
- Pero eso no es una razón -dijo Chloé.
Nicolás aceleró un poco. El coche se deslizaba sobre la agrietada carretera en medio del rumor de las máquinas y del cobre en fusión.
- Pronto llegaremos a la antigua carretera -dijo Nicolás.
- ¿Por qué miran con tanto desdén? -preguntó Chloé-. Al fin y al cabo, trabajar no es para tanto.
- Se les ha inculcado la idea de que trabajar es algo bueno -dijo Colin-. En general, se considera así. Pero, de hecho, no hay nadie que lo piense. Se hace por costumbre y para no pensar en ello precisamente.
- De todas maneras, es una tontería hacer un trabajo que podrían hacer máquinas.
- Pero las máquinas habría que construirlas -dijo Colin-. ¿Y quién va a hacerlo?
- ¡Bueno, por supuesto! -dijo Chloé-. Para hacer un huevo, hace falta una gallina, y una vez que se tiene la gallina se pueden tener montones de huevos. Así que vale más empezar por la gallina.
- Habría que saber quién impide fabricar las máquinas -dijo Colin-. Lo que falta, por lo visto, es tiempo. La gente pierde el tiempo en vivir y entonces ya no le queda tiempo para trabajar.
- ¿No será más bien lo contrario? -dijo Chloé.
- No -dijo Colin-. Si tuvieran tiempo para construir máquinas, luego ya no tendrían necesidad de hacer nada. Lo que yo quiero decir es que la gente trabaja para vivir en lugar de trabajar para hacer máquinas que les permitan vivir sin trabajar.
- El asunto es complicado -consideró Chloé.
- No -dijo Colin-. Es muy sencillo. Por supuesto, habría que ir poco a poco. Pero se pierde tanto tiempo en hacer cosas que acaban gastándose...
- Pero ¿no crees tú que les gustaría más quedarse en casa y besar a su mujer, ir a la piscina y a divertirse?
- No -dijo Colin-, porque no piensan en ello.
- Pero ¿acaso es culpa suya si creen que está bien trabajar?
- No -dijo Colin-, ellos no tienen la culpa. Es que se les ha venido diciendo: «El trabajo es sagrado, el trabajo es bueno, el trabajo es hermoso, el trabajo es lo que cuenta antes que nada y sólo los que trabajan son quienes tienen derecho a todo». Lo que pasa es que se organizan las cosas para hacerles trabajar constantemente y entonces no pueden aprovecharse de ello.
- Entonces, ¿es que son tontos?
- Sí, son tontos -dijo Colin-. Por eso están de acuerdo con quienes les hacen creer que el trabajo es lo mejor que hay. Eso les impide reflexionar y tratar de progresar y dejar de trabajar.

sábado, 28 de septiembre de 2013

Descubriendo a Pawel Kuczynski

Me ha encantado descurbir a este premiado ilustrador polaco de 36 años, tanto por la calidad de sus dibujos, como por supuesto, por los brutales y sinceros mensajes que transmite . A partir de ahora soy su seguidora.